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Ultra Trail Voie Lycienne

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Del mar Mediterraneo al Monte Olympo

Turquia, 180kms en 6 días.
Gran desnivel en una carrera a priori a pie del mar. Espectacular paisaje que se asemeja muchísimo a nuestra Costa Brava. Muy recomendable
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VALORACIÓN

Dureza
Paisaje
Confort
Organización
Recomendación

INFO

Distancia : 180kms

Etapas: 6

Tiempo: 21:40hrs

Posición: 1

Zona: Antalya, Turquía

Fecha: 18 Junio 2022

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Crónica Ultra Trail Voie Lycienne

Con ganas de volver a la competición, esta vez en Turquía. 
 
Otra oportunidad de sentir, aprender y disfrutar de las carreras por etapas.
Muchísimas ganas de salir al mundo y probar cosas nuevas. Y resultó excitante.
Por lo pronto parecía una prueba sin más, de las que sabes que vas a disfrutar, pero resultó mucho más que eso. Esta carrera es mucho más que correr.
Nos presentamos en Antalya un día antes de la recepción de la carrera para ver un poco la zona. Y que bonito.
 
Ciudad al sur del País entre acantilados mirando al Mar Mediterráneo con vistas a los montes Tauros con montañas de más de 3000mts a tan solo 1km del mar. Brutal.
 
La ciudad antigua tiene muchísima influencia de sus conquistadores. Callecitas estilo edad Griega , minaretes musulmanes, cúpulas Bizantinas , puentes romanos, cultura Lícia, Arquitectura Otomana, comida Turca… Un sin fin de atractivos que resultan enriquecedores y que solo por eso vale la pena haber cruzado toda Europa para estar allí. Y encima, el GR por el que íbamos a correr, está considerado el tercero más bonito del mundo según la revista Times. ¿No es un buen plan?
 
Al día siguiente de aterrizar en Antalya,ya pudimos descansar un poco, cargar energías y preparar la competición.
 
 
Al amanecer, nos trasladaron durante una hora en bus hasta el Parque natural Kesme donde se iba a celebrar la salida. Un paraje de montañas Alpinas de color gris, astilladas y envueltas de  abetos que daban respeto con solo mirar. No iba a ser nada fácil.
 
En la salida habían corredores Alemanes, Franceses, Americanos que añadía un plus de valor a la etapa, ya que no sabías contra quien ibas a competir. Muchos nervios que poco a poco se iban marchando mientras corrías.
 
GPS Coros Vertix2 preparado, Altra Running Timp3 y a correr.
 
No salí el primero, porque quería ver como reaccionaba a esos caminos estrechos entre maleza y árboles el reloj GPS Coros. Iba comprobando en todo momento el track y verificando que todo estuviera correctamente. Una gran ventaja que tenía el GPS era que si me desviaba unos metros del track, el mismo GPS me avisaba con una vibración. Así iba totalmente seguro de que iba correctamente, que no me iba a perder.
 
Me fui aclimatando a la zona y al ritmo elevado de carrera, ya que los primeros corredores subían como cabras esos cerros. Mucha humedad y altitud. Lo teníamos todo.
Pero en un descenso técnico, me escapé del grupo y me puse a correr de vértigo. Ladera abajo sin control. Potenciando mucho la zancada y sin miedo. Quería ver cómo estaban mis adversarios.
 
Mantuve el ritmo elevado por cañones de piedra lisa blanca con mucho cuidado de no perderme. Era la primera etapa y quería hacerlo bien. Caídas, cruzada de río, calor extremo y sin camino. Esos km fueron bastante duros, no solo para mí, la gran mayoría se perdió por el cañón. El que iba segundo también. Hice bien en ir solo.
 
Paro en el primer control y cargo agua lo más rápido posible. Aquí no se descansa ni un minuto. El tiempo es oro si quieres estar en posiciones de podium.
 
Me intento distraer con el paisaje. 
Montañas, laderas y camino bastante fácil en ese tramo de carrera.
En mi cabeza solo existe el avanzar. El no parar. 
 
Tramos un poco más técnicos que me hacen volver a concentrar. Una ligera deshidratación me hace tener unas rampas en el bíceps femoral y rápidamente tomo magnesio y sales minerales. El calor y la humedad están con valores muy altos.
 
Toda esa situación me lleva al control 2 con un poco de preocupación. Pero allí estaba Neus y con buenas noticias. Me comenta que le llevaba 30 minutos al segundo. No me lo podía creer. Fue algo muy positivo en ese momento. Necesitaba algo para reaccionar. Y ya ves si reaccioné. Salí escopeteado del control con ganas de correr y encima  incrementé la ventaja hasta 40 minutos. 
Llegué a meta y ni siquiera estaba montada. Estaba muy contento por no haberme perdido en ningún momento y también de recuperarme a la deshidratación. Solo faltaba ver que diferencia llevaría al resto de corredores.
 
La primera noche la pasamos en una pensión en lo más alto de la montaña, viendo en todo momento el Monte Olympo, el cual subiremos al día siguiente.
Habitaciones dobles con camas muy confortables y ducha caliente. Vaya lujo. Y encima nos dieron de cenar. La comida en Turquía es buenísima. Muchas legumbres, vegetales y fruta. Perfecto.
 
Madrugamos para aprovechar el día y comenzar la segunda etapa.
La segunda etapa iban a ser 44kms con casi 2000mts de desnivel positivo. La más auténtica. De las etapas más bonitas que he realizado nunca. Un paisaje excepcional. Desde montañas Alpinas hasta bosques de cedros milenarios y montes de 2500mts pelados con vistas al mar. Una brutalidad, imposible de transmitir.
 
Salimos el grupo de cabeza juntos. Resuelvo en ruta una pequeña incidencia con el GPS y a subir montaña arriba. Duro, muy duro. Casi el total del desnivel lo teníamos en la primera parte del recorrido, pero eso era lo bonito. 
 
Paisaje espectacular donde dejábamos el valle a nuestra derecha y veíamos todo el rato el Monte Olympo a nuestra izquierda. Y de pronto cruzamos un prado con cientos de cedros milenarios. Que maravilla. Ni siquiera estaba pensando en la carrera. Tenía la mente en un mundo ajeno a todo. Parecía una película de duendes y druidas. No me lo podía creer. Eso tienen estas carreras. Te metes tanto en el paisaje que te olvidas de correr.
 
Pasamos el segundo control y comienza la gran ascensión al Monte Olympo. Solo podíamos caminar. 
Poco a poco, serpenteando el monte, íbamos viendo cada vez más cerca la cima. 
A la par también  visualizo la bajada ya que iba a ser el mismo tramo que la subida. 
 
Voy hidratando, comiendo y sobre todo, intento minimizar esfuerzo. Era muy difícil, pero tenía que hacerlo si quería hacer un buen descenso.
 
El track era bastante técnico con mucha piedra suelta y muy seco.
 
Llegué con Vincent , el Francés. Nos hicimos una foto en la cima para dar fe que habíamos subido ( era un requerimiento de la organización para no hacer trampas) y llegó la bajada vertiginosa. Sabia que era más rápido que él y no dudé en soltarme sin frenos los casi 2000mts de desnivel negativo en 21km que quedaban.
 
Zancada muy larga y ritmo alto. El primer tramo era súper técnico. Tenía que ir con mucho cuidado, pero el segundo tramo de bajada era una pista bastante ancha donde pude correr muy rápido.
 
A veces la bajada es más dura que la subida y el último tramo se me hizo duro. Lluvia, camino fangoso, tramos difíciles de intuir, fácilmente te podías equivocar. Hasta llegar a un camino de asfalto que te llevaba al hotel. 
 
Esta vez sí que estaba la meta puesta y pude celebrar una de las etapas más potentes que he hecho hasta la fecha. 
Me quito bambas y meto las piernas en una poza natural de agua helada. Que pasada de enclave. Un valle rodeado de montañas con el Monte Olympo en cabeza. Increíble.
 
Espero a los primeros corredores y veo que les he sacado un poco de tiempo.  Eso no está nada mal. Recojo todo y me voy a la habitación.
Esta vez dormíamos en casetas de madera con un confort fuera de lo normal. 
 
Me ducho, limpio la ropa y voy a la cama. Allí me preparo algo de comer y estiro piernas, espalda… estaba destrozado después de la gran etapa.
 
Por la noche, quedamos todos para hacer el brieffing y cenar barbacoa. Tenía unas hambres…
Tenía muy claro el planteamiento de la tercera etapa. Iba a ser mi descanso activo.
Al diferenciarme unos minutos de los más próximos corredores, tenía que guardar un poco las fuerzas para la cuarta y quinta Etapa, que iban a ser muy duras.
 
Salimos temprano, por un tramo de asfalto donde me puse en cuarta o quinta posición. No quería ir rápido. Pero esto no es como uno quiere. 
 
Los primeros comenzaron a correr cada vez más rápido. Y tuve que apretar.
Al comenzar la ascensión a la montaña, todo se recolocó y me fui con Vince, el segundo.
Él iba bastante rápido. Creo que me quería dejar, pero el terreno no era demasiado propicio.
Mucho barro, bosques de rocas donde no se podía ir muy rápido, bajadas técnicas… y además yo estaba en plena forma. Cualquier ataque lo podía contrarrestar.
 
Llegamos a la cima de la montaña y nos tocó descender. Me puse primero para marcar un ritmo cómodo.Todo y lo agreste del camino, puede gestionar bien y disfrutar en todo momento.
Cruzamos un río de rocas y nos dirigimos hacía la playa, donde estaba el primer control.
Todo muy natural. No había ningún edificio, parecía la Costa Brava hace 70 años atrás.
Una gran bahía en la desembocadura del río y el control justo en la arena. La verdad que era un enclave chulísimo. Rellenamos bidones y a reseguir un tramo de unos 5 kms de pura costa. Acantilados, pequeñas calas y no había nadie por el camino. Todo muy virgen y espectacular. Eso sí, un bochorno de humedad brutal.
 
Al cruzar el tramo más técnico, nos quedaba una ascensión bastante dura pero a la vez iba a presenciar algo muy surrealista. Con el paso de los kms comenzó a salir el sol y el calor era sofocante y encima tuvimos que cruzar Chimera, que es un tramo de roca gris pelada con llamaradas que salen del interior. Hay unas fosas de metano natural con brechas por donde sale fuego, muy curioso y muy caluroso. Realmente se me hizo bastante duro ese tramo de ascensión.
 
Justo en la cima de Chimera, comenzamos a descender hacia el campamento. Quedaban tan solo 7kms, donde pude aguantar el ritmo de Vince y llegar juntos a meta.
No pensaba que iba a ser una etapa tan dura, pero así salió y pude aguantar.
 
Toda la tarde de descanso con un confort excepcional, comiendo y disfrutando de un enclave excepcional.
 
Más tarde llegó Neus con todo el Staff y nos fuimos a cenar a un restaurante muy típico de Ulupinar, donde sirven truchas pescadas de sus propios criaderos. Comida tradicional. 
La cuarta etapa fue de transición total. La que menos me costó de todas.
Solo había una dificultad, la ascensión en vertical de 10kms por una montaña muy cerca del mar con el calor y la humedad permanente.
 
Salimos a ritmo tranquilo, muy fácil. Esta vez estaba dispuesto a disfrutar de ir primero y con mucha fuerza.
 
El paisaje era espectacular. Valles llenos de vegetación, olivos, viñedos, vistas al Monte Olympo… la verdad es que disfruté muchísimo durante la primera mitad del recorrido.
 
Al llegar al pueblo de Cyrali, recargamos agua en el primer control y comenzamos a  ascender, y vaya subida. Más de hora y media entre pinos, piedras y un sendero estrecho. A veces con tramos de sombra y otras a pleno sol.
 
Con ganas de que llegara el segundo control, pero se hacía largo y pesado. Subida y bajada de piedras, sol radiante, ritmo elevado…pero llegamos.
Al llegar al control, Neus me esperaba. Mi mayor alegría. Saber que los dos estábamos bien y disfrutando.
Llené bidones de agua, sales…y a seguir. Descenso vertiginoso hasta la meta.
Vincent, que iba segundo toda la carrera, se adaptó muy bien al terreno y le daba muy fuerte. A veces me costaba atraparlo, pero sin mucho problema.
 
Ya llegando a Adrasan, el pueblo de meta, comenzó a apretar el sol y la verdad que el resto de corredores sufrieron golpes de calor severos. Menos mal que me hidraté muy bien y llegué a meta cansado, pero sin ningún percance.
 
Otra etapa completada y la primera posición más cerca.
 
Nos alojamos en un hotel muy bonito, con piscina y muy buen restaurante. Como disfruté las dos noches en Adrasan. 
 
Un pueblo encaramado a una gran bahía con aguas turquesas y envuelto de vegetación. Unos de los pocos lugares donde podría vivir tranquilamente.
Nos levantamos pronto para realizar la penúltima etapa. Va a ser una etapa muy dura, con bastante desnivel y con un calor extremo. Y al estar cerca de la playa,  la humedad también era muy alta.
 
Se hizo una salida escalonada, donde los cuatro primeros fuimos los últimos en salir.
Michael de USA, Maik de Alemania, Vince de Francia y yo de España. Vaya podium más completo.
 
Pactamos ir tranquilos y disfrutar del paisaje. 
Salimos del pueblo de Adrasan y nos adentramos en el monte. Una pista de 4×4 nos lleva poco a poco hasta el primer control. Justo al llegar al control, comenzamos a adelantar a los participantes que habían salido antes, entre ellos a Neus, que se aventuró en hacer la mitad de la etapa.
 
Desde lo alto del monte, tocaba descender al mar. Una cordillera de montañas con vegetación que desbordaba. Aguas Turquesas siguiendo el perfil de la costa. Maravilloso.
Ya llegando al segundo control, Vince apretó y nos fuimos del resto.
Más de dos horas por caminos muy técnicos, con rocas afiladas, pero con vistas todo el rato al mar Mediterráneo.
 
Por la mitad del sendero pasamos el faro de Adrasan, donde estaba la foto de postal. Tuvimos que parar para hacer la foto, ese enclave era irrepetible.
 
Poco a poco íbamos avanzando por el sendero y había que hidratarse muy bien. Quedaba poca agua, pero sorbito a sorbito iba regulando todo el sudor que desprendía.
 
Y de repente, nos encontramos con un avituallamiento sorpresa. Una cocacola fresquita nos estaba esperando. Y qué regalazo.
 
Toda la etapa pendiente de no caer, regular la hidratación y mantener la primera posición. Mucho estrés que vi finalizado al entrar de nuevo a Adrasan con fuerzas y mentalmente muy satisfecho.
 
Todo el resto del día ya no tocaba descansar, solo tenía que disfrutar. Y en esa zona, con playa, buen hotel y buena comida, me lo pasé genial. 
 
La sexta Etapa, la última, tenía una peculiaridad. Todos teníamos que correr con la misma camiseta. La de la organización. Era para darle un toque festivo a la etapa. 
 
Sólo eran 16kms, pero que bonitos eran…Playas, Calas, prados, montañas, pueblos pesqueros encaramados en las colinas, ruinas Lycias, el mar siempre presente… que carrera más bonita.
 
Salimos los primeros a un ritmo super tranquilo. Incluso en una Cala, me tiré al agua. Con bambas incluídas para refrescarme. 
 
Unos segundos en el agua para bajar el calor corporal que llevaba no vinieron nada mal.
 
Pasadas las dos horas, comenzamos a visualizar las ruinas del castillo lycio donde estaba la meta.
Escuchábamos en todo momento los gritos de los voluntarios desde lo más alto del castillo que nos animaban todo el rato sin cesar. Ya faltaba muy poco.
 
Pasamos unas tumbas Lycias, ascendemos el monte y vemos la meta en lo alto de las ruinas del castillo. Vaya final más chulo.
 
Llegamos los cuatro primeros a la vez. Muy auténtico.
 
Nos hicimos unas fotos con unas vistas de ensueño y celebré con una cerveza el triunfo de la Ultra Trail Voie Lycienne 2022.
 
No me lo hubiera imaginado nunca. Competir de nuevo, poder correr por paisajes espectaculares y sentir que en cada momento podía apretar aún estando cansado. 
 
Estas carreras son vida. Y quiero vivirla al máximo.
 
A por la siguiente!
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