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106/ Bolivia

Salar de Uyuni

14 septiembre, 2022

106/ Bolivia

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País 106 de 196 ( Naciones Unidas )

  • Bolivia
  • América
  • 10.5 millones
  • La Paz
  • 2022
  • La Paz, El Alto, Oruro, Copacabana, Uyuni
Cultura
Gastronomía
Relax
Naturaleza
Patrimonio UNESCO
Aventura
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Bienvenidos a Bolivia

Exagerado en su belleza natural, agreste, perturbador y complejo, Bolivia es uno de los países más diversos y fascinantes de Sudamérica.

Aventura

Bolivia no es para timoratos: bajar por la Carretera Más Peligrosa del Mundo hasta los bochornosos Yungas; sobrevolar en parapente los verdes valles de La Paz; salir a caballo como un vaquero cerca de Tupiza; pescar un siluro enorme en un afluente del Amazonas (¡y quizá cocinarlo para cenar!). Independientemente de si se va equipado para escalar picos andinos de 6000 m o con un casco y agallas suficientes para lanzarse en un planeador, las rocas, los ríos y los precipicios de Bolivia empujarán al viajero a poner a prueba sus límites personales.

Cultura

A los bolivianos les encantan las procesiones y es difícil que pase un mes sin que haya una con participantes ataviados con coloridos vestidos para recordar una efeméride importante o una deidad. Las bandas de viento se escuchan a cuadras de distancia y, cuando aparecen, un carrusel de bailarines rodea al espectador. Unos museos excelentes y la continuada presencia de tradiciones y costumbres cotidianas ayudan a conocer la historia del país. Bolivia es el país sudamericano con el mayor porcentaje de pueblos indígenas, que se pueden conocer mejor si se participa en el turismo basado en la comunidad y si se contrata a guías locales.

Naturaleza

Bolivia tiene tal biodiversidad que aún hoy se siguen descubriendo especies únicas. Se puede entrar en las cuevas de los murciélagos nectarívoros. Y pisar con cuidado el territorio de la serpiente coral anillada, mortal de aspecto y efecto. Y escuchar el gorjeo de una docena de guacamayos diferentes (entre 1000 especies de aves), entre ellos el guacamayo barbiazul, el más insólito del mundo y que solo habita aquí. Mariposas y polillas multicolores revolotean por la selva; las ágiles alpacas y vicuñas destacan en el inhóspito altiplano. Y en la espesura de la selva habitan jaguares, pumas y osos.

Comida y bebida

¿Apetece un solomillo de llama? Pues aquí se puede probar, quizá con una copa de Tarija. La comida de Bolivia es tan diversa como sus gentes, y cada localidad tiene sus exquisiteces. Se podría empezar en el mercado, aunque las cazuelas con guisos nada familiares podrían disuadirle a uno. Cada día se puede saborear un zumo recién exprimido de frutas distintas y el café de los Yungas se sirve en locales nuevos de todo el país. La Paz, Cochabamba y Santa Cruz tienen una oferta boyante de restaurantes donde se podrán paladear platos tradicionales en versión contemporánea.

Qué ver y qué hacer en Bolivia

¿Quién hubiera dicho que sentir este frío podría sentar tan bien? Aunque el recorrido de tres o cuatro días en todoterreno por la salina más grande del mundo le dejará a uno con el frío en los huesos, esta podría ser la aventura boliviana por antonomasia. La inmensidad, la austeridad y la perfección cristalina del salitral son inspiradoras. Una exploración a primera hora de la mañana de los jardines de roca, los campos de géiseres y los manantiales termales sumada a tres días de camaradería en la carretera con los lugareños dejará un recuerdo imborrable.

El Parque Nacional Madidi, probablemente la zona con mayor biodiversidad del planeta, abarca un fascinante mosaico de hábitats, desde montañas andinas a selvas tropicales en las tierras bajas, hábitat de un arrollador elenco de animales. Todo es posible verlo en salidas a pie por la selva y en barca por el río para, al final, pernoctar en un alojamiento sostenible gestionado por la comunidad. El canto de las aves al alba, el zumbido de los insectos, la llamada del mono aullador y el croar de las ranas subrayan esa belleza cinematográfica del entorno.
Se pueden seguir las huellas de los incas por las muchas rutas de senderismo que se dispersan desde los Andes hasta la cuenca del Amazonas, a través de la excepcional naturaleza de la cordillera Real. Estas excursiones de cuatro a 14 días no son moco de pavo, pero cada paso, gota de sudor y ampolla valen su peso en oro. Por el camino, surge la oportunidad de comer con los lugareños, refrescarse en cascadas y comulgar con el alma de la verde y poderosa Pachamama (Madre Tierra).
La isla del Sol, considerada la cuna de la civilización andina, aflora en el inmenso lago Titicaca cual guinda de pastel. Tranquilamente se pueden dedicar cuatro días a rastrear los caminos incas que desembocan en pequeños yacimientos arqueológicos, calas remotas y comunidades indígenas intactas. Al final del día, nada mejor que instalarse en un alojamiento cimero para disfrutar del atardecer con una cerveza. El lago per se tiene un magnetismo, poder y energía sin par en el mundo, y no es de extrañar que muchos crean que la antigua civilización de la Atlántida estuviera aquí.
Los mercados de La Paz, motores que alimentan y propulsan el país, son tan locos, inconexos, coloridos, disparatados, malolientes y destacables que se acabará pasando tardes enteras entre sus tenderetes. Hay secciones de alimentación, de artículos de brujería, de objetos robados (quizá la cámara que han robado al viajero), de tuberías y poliestireno (en todas las formas imaginables) y de frutas, flores y pescado cuyo hedor provoca una sobrecarga olfativa.
La ciudad blanca de Sucre reluce bajo el sol andino y fue la cuna de la nación. Esta ciudad de visita imprescindible combina de forma pintoresca lo nuevo y lo viejo y ocupa un valle exuberante, rodeado de montañas. Un destino en el que se pueden pasar varios días de visita a edificios históricos y museos, y disfrutar varias noches de la famosa oferta nocturna de la ciudad. Sucre enamora a cualquiera.

Cuándo ir a Bolivia

Mejor época para viajar a Bolivia

Temporada alta (may-oct)

  • El tiempo estable da movilidad y es mejor para escalada, senderismo y ciclismo de montaña.
  • Precios más altos para circuitos y alojamientos.

Temporada media (oct y feb-abr)

  • Buena época para visitar el salar de Uyuni.
  • El gentío se diluye; un buen momento para encontrar sitios económicos.

Temporada baja (nov-abr)

  • El transporte terrestre se complica en las carreteras de tierra.
  • La escalada es peligrosa y el senderismo y el ciclismo, pesados.

 

Clima en Bolivia

Temporada alta (may-oct)

  • Días soleados pero frescos en el altiplano.

Temporada media (oct y feb-abr)

  • Se acerca primavera y el termómetro sube pero sin lluvia.

Temporada baja (nov-abr)

  • Verano; las lluvias pueden ser deprimentes en las tierras bajas.

La cultura en Bolivia

Gastronomía

La cocina de Bolivia es tan variada como su topografía. Y aunque hay exquisiteces tradicionales por descubrir en cada localidad, la oferta gastronómica de Bolivia evoluciona. Unos chefs jóvenes y entusiastas causan sensación en La Paz, donde los restaurantes sirven café de los Yungas y vinos de los viñedos de Tarija.

Experiencias gastronómicas

Comidas inolvidables

Gustu Cualquier gastrónomo que se precie debería pasar por el innovador restaurante en el núcleo de la eclosión gastronómica de La Paz.

Visitar las bodegas de Tarija Conocer la floreciente industria vinícola de Tarija en un circuito por los viñedos del cercano valle de la Concepción.

Mercado Central Un sinfín de vendedores con licuadoras prepara zumos de fruta al momento en el mercado central de Sucre.

Cafe Munaipata Los circuitos por esta bonita plantación de los Yungas invitan a escoger los granos de café, tostarlos y probarlos.

Heladerías de Cochabamba Sumarse a las multitudes ávidas de helados (y pasteles) en las grandes heladerías de Cochabamba.

Mercado nocturno de El Puente Este mercado de Tarija es el mejor para probar las especialidades locales.

Andean Culture Distillery Los amantes de los licores pueden participar en un circuito por la primera destilería artesanal de Bolivia, en La Paz, donde se elabora el Killa Andean Moonshine, de maíz.

Restaurantes ribereños de Tomatitas Comedores informales al fresco en una hilera de restaurantes locales que sirven cangrejitos (cangrejos de río de concha blanda), cerca de Tarija.

Oferta gastronómica internacional de Santa Cruz Con comida de fusión en Jardín de Asia y peruana en Sach’a Rest, pero también buena gastronomía suiza, asadores argentinos y restaurantes japoneses, Santa Cruz destaca en cocina internacional.

Picoteo económico

Salteñas La omnipresente empanada amarilla de La Paz deja una deliciosa película en los dedos y un cálido quemazón en el estómago. Se puede probar en Salteñas Especiales Marianita, en Tupiza; están de muerte.

Tamales rellenos de charqui Masa de harina de maíz rellena de carne de llama; los venden en el Mercado de Ferias de Tupiza.

Cuñapé Panecillos de harina de yuca y queso que se venden en Chiquitos, al lado de la frontera con Paraguay, donde se conocen como “chipá”.

Sonso de yuca Puré de yuca con queso; pruébese en el mercado nocturno de El Puente en Tarija.

Api de maíz morado Esta bebida caliente de maíz morado molido, canela, azúcar y clavo es popular en el altiplano; se encontrará en los mercados de La Paz, Oruro, Potosí y Cochabamba.

Pan de arroz En Santa Cruz, búsquense estos deliciosos panes hechos con harina de arroz, tapioca y queso.

Para los más atrevidos

Sopa la Poderosa Una ‘sopa potente’ de Tarija hecha con verduras, arroz… y pene de toro.

Anticuchos Brochetas de corazón de vaca a la parrilla que se venden en mercados o puestos callejeros de La Paz.

Chuño Este plato básico tradicional del altiplano se hace dejando las patatas toda la noche a la intemperie para que se congelen, al día siguiente se dejan descongelar y se repite el mismo proceso durante varios días. Acto seguido las patatas se aplastan con los pies para extraer la piel y el líquido. La técnica la desarrollaron los incas hace 800 años, cuando las patatas congeladas y deshidratadas se transportaban en caravanas de llamas. De estar en las tierras altas en junio, quizás se vean patatas congelándose a la intemperie; la técnica aún se utiliza mucho en zonas rurales cerca de Oruro.

Especialidades locales

La oferta culinaria de Bolivia es tan diversa como sus pueblos, e incluso hay un programa televisivo de un ‘chef itinerante’ que muestra los estilos culinarios de cada región.

El altiplano

Hasta hace poco La Paz no era conocida por su buena gastronomía pero hoy en día la oferta culinaria de la ciudad triunfa. En el 2013, el emprendedor gastronómico danés Claus Meyer (del restaurante Noma, de Copenhague, que está entre los mejores restaurantes del mundo) abrió Gustu en el barrio de Calacoto. La filosofía del restaurante es emplear solo ingredientes bolivianos y a chefs preparados en Melting Pot, una escuela de cocina montada por Meyer para jóvenes desfavorecidos. Los licenciados ya han empezado a abrir sus propios restaurantes, entre ellos el Ali Pacha.

Los alimentos andinos más típicos se venden en los mercados. Búsquense las salteñas (empanadas rellenas de carne picada o pollo) y el api de maíz morado (una bebida caliente hecha con maíz morado). Para combatir los efectos de la altitud, pruébese el mate de coca, una infusión de agua y hojas secas de coca.

En Oruro, la reina es la carne a la parrilla. Un plato típico local es el charquecán hecho con carne deshidratada de llama y servido con huevo, maíz, queso y salsa picante, pero además hay muchos restaurantes que sirven filetes a la parrilla y otros platos de ternera.

El pescado más popular en el altiplano es la trucha y el pejerrey, especies introducidas del lago Titicaca. Un plato innovado de Potosí es calapurca, una sopa espesa de maíz y tocino que se calienta con una piedra caliente en el cuenco.

Los Valles

Los Valles se refiere a la franja de tierra que va de norte a sur, emparedada entre el altiplano y la cuenca del Amazonas, a 2000 m (aprox.) de altitud.

Cochabamba cuenta con una próspera oferta de restaurantes y sirve de las mejores comidas del país. Aquí se come muy bien, tanto en restaurantes de alto copete como en puestos callejeros. Entre las especialidades locales están el silpancho (carne empanada con arroz y patatas), el lomo borracho (ternera con huevo en una sopa de ternera) y el picante de pollo (pollo con salsa picante). Además conviene fijarse en el ranga-ranga (carne picada de ternera con cebollas y pimiento amarillo).

En los mercados de Tarija se puede probar el falso conejo (carne picada con verduras, cebollas y arroz), el saice (carne de ternera picada con verduras) y el sonso (puré de yuca a la parrilla con queso).

Un plato popular en toda Bolivia es el pique a lo macho, que es un mejunje de ternera, salchichas, huevos hervidos, salsa de carne, pimientos y cebollas sobre un lecho de patatas fritas.

Las tierras bajas

Si se va al este hacia Santa Cruz, el panorama culinario de Bolivia se transforma con el cambio de vegetación. Los mejores restaurantes de la ciudad sirven comida de otros países, a destacar sitios excelentes de gastronomía japonesa, peruana y hasta suiza.

Fuera de la ciudad, la cocina internacional prácticamente desaparece. Las especialidades regionales en la provincia de Santa Cruz y Chiquitos incluyen majadito de charque (un plato hecho con arroz y carne deshidratada), sopa de maní (sopa de cacahuetes molidos), cuñapé (panecillos con queso) y pan de arroz (hecho con harina de arroz y tapioca).

Más al norte, la cuenca del Amazonas tiene muchos peces de río y frutas, ideales para licuados. En Beni, la ternera quizá se sirve como pacumutu, brocheta con enormes trozos de carne asada con yuca, cebollas y demás guarniciones.

Cómo comer y beber

Cuándo comer

  • El desayuno consiste en poco más que un café y un panecillo, pero a media mañana se suele comer un tentempié de calle del tipo empanadas, como una salteña (empanada con carne y verduras) o una tucumana. Los mejores hoteles sirven espléndidos bufés para desayunar.
  • El almuerzo es la comida principal del día, aunque cuando los restaurantes anuncian almuerzo se suele referir a un menú sencillo, con un entrante (a veces), un plato principal y un postre (15-40 BOB aprox.). Algunos incluso incluyen la bebida.
  • Las cenas se suelen servir a la carta. Muchos habitantes de las tierras altas prefieren una merienda ligera con té en lugar de una cena.

Dónde comer

Fuera de las ciudades más importantes, es probable que solo se pueda escoger entre pizzerías o restaurantes locales que sirven la típica comida de la zona.

En la mayoría de las comidas la carne manda y suele ir acompañada de arroz, un tubérculo rico en fécula (normalmente patata) y lechuga o col cortadas en juliana. La comida en el altiplano tiende a ser rica en almidón y carbohidratos y frita. En las tierras bajas, el pescado, la fruta y las verduras adquieren mayor protagonismo.

Cada vez hay más opciones vegetarianas pero tanta verdura recocida, arroz, patatas, pizza y pasta quizá llegue a cansar. La quinua es un supercereal ideal para vegetarianos.

Para descifrar la carta

  • Un gran cuenco de sopa es el entrante de cualquier comida boliviana opípara.
  • La ternera suele servirse como asado o como parrillada en cortes como lomo, brazuelo y churrasco.
  • La ternera, llama u otras carnes rojas secadas al sol se llaman “charque”.
  • En el altiplano, la ternera se suele servir con choclo (mazorca de maíz) o mote (maíz desgranado y cocido); en las tierras bajas se sirve con yuca o puré de plátano.
  • El pollo se sirve o frito, al spiedo o a la broaster (en una brocheta), asado o dorado. Hay restaurantes con pollo económico en todo el país, donde un pollo con patatas puede estar tirado de precio.
  • ¿Se tiene alguna alergia? Los maníes (cacahuetes) son un ingrediente muy socorrido, sobre todo en sopas.

Estilos de vida

Bolivia es una sociedad sorprendentemente estratificada. Aunque las jerarquías definidas por los años de gobierno de los descendientes de españoles empiezan a cambiar tímidamente gracias a la revolución indígena incentivada por Morales, la posición en la sociedad y las oportunidades que se tendrán en la vida dependerán en gran medida del color de la piel, del idioma que se hable, de la ropa que se vista y del dinero que se tenga.

La sociedad boliviana

El talante depende del clima y la altitud. Los cambas (de las tierras bajas) y los collas (de las tierras altas) hacen gala de lo que les diferencia de los otros. Se dice que en las tierras bajas la gente es más hospitalaria, informal y generosa con los forasteros; y los de las tierras altas son, supuestamente, más trabajadores pero menos abiertos. Aunque se hagan bromas inocentes al respecto, los bolivianos son muy conscientes de las disparidades económicas entre las dos regiones y, a veces, las tensiones llegan a puntos críticos como cuando Santa Cruz amenaza con la secesión por desavenencias con el programa político.

Gracias, en parte, a Evo Morales, muchos bolivianos han estado redefiniendo e incluso cuestionándose qué significa ser boliviano. Desde el principio, Morales insistió en que la identidad boliviana se basa en los orígenes étnicos del individuo. Morales enseguida se ha sentido más cerca de los grupos indígenas, pero sus opositores le culpan de maniobrar políticamente y de polarizar más el país según la raza, la clase y el estatus económico. Hay quien lo acusa de favorecer a los grupos indígenas por encima de otros, por ejemplo de los mestizos que, como descendientes de los colonizadores españoles y de los indígenas, también están orgullosos de ser bolivianos. Otros lo ven como alguien que equilibra la balanza tras siglos de opresión e inversión insuficiente en las comunidades de las tierras altas. Pero aunque el poder político se decante por la mayoría indígena, el dinero sigue en manos de la élite.

Los bolivianos tienden a recelar de los políticos, y una sensación de fatalismo y de desconfianza hacia el Gobierno bulle bajo la superficie en un país acostumbrado a siglos de corrupción y mala gestión. Sin embargo, Morales sigue ganándose nuevas simpatías porque sus políticas económicas (muy criticadas por sus detractores) han llevado al país hacia una bonanza nunca vista antes. La cuestión es si Bolivia podrá prolongar su extraordinario crecimiento y si la popularidad de Morales sobrevivirá a una recesión económica.

Forma de vida

El día a día varía de un boliviano a otro, sobre todo depende de si viven en la ciudad o en el campo, en las gélidas tierras altas o en las bochornosas tierras bajas, y de si son ricos o pobres. Muchos campesinos viven sin agua corriente, calefacción o electricidad, y algunos visten de una manera que apenas ha cambiado desde la llegada de los españoles. Pero en las ciudades, sobre todo en Santa Cruz (la ciudad más rica del país), La Paz, Cochabamba y Sucre, miles de sus habitantes disfrutan de comodidades y hábitos modernos.

En este país tan cerrado la vida empieza con la familia. No importa de qué tribu o clase se proceda porque es probable que se tengan vínculos estrechos con parientes lejanos. En las tierras altas, el concepto de aillu (sistema tradicional campesino de propiedad, gestión y toma de decisiones sobre la tierra) se remonta a la época incaica pero aún es importante.

Muchas personas de la clase más baja de Bolivia dedican el día a conseguir el dinero suficiente para comer, ir a la iglesia, hacer las tareas domésticas, dar una educación a los niños y un poco para pasar buenos ratos (a menudo con la ayuda de alcohol de alta graduación). La clase más rica de la ciudad dispone de dinero para disfrutar de placeres como el teatro, la buena mesa, el arte y el siempre importante club de campo. En estos círculos, el apellido sigue siendo el pasaporte para entrar a determinados sitios. Los jóvenes cada vez presumen más de estas normas y las personas de grupos étnicos o clases económicas distintos no se suelen casar entre sí.

Religión

Aproximadamente el 77% de la población boliviana profesa el catolicismo y lo practica con mayor o menor intensidad. El otro 23% es protestante, agnóstico o pertenece a otras religiones. Los movimientos evangélicos ganan rápidamente nuevos adeptos con sus mensajes apocalípticos y, en algunas zonas, además acaban con siglos de tradiciones culturales. A pesar del peso político y económico del cristianismo, la mayoría de actos religiosos han acabado incorporando sistemas de creencias incas y aimaras. Las doctrinas, ritos y supersticiones están a la orden del día, y algunos campesinos aún se guían por un tradicional calendario lunar.

Deportes

Como en el la mayoría de sus vecinos sudamericanos, el deporte nacional de Bolivia es el fútbol. El Bolívar y el Strongest de La Paz suelen participar (aunque tímidamente) en la Copa Libertadores, el campeonato anual de los principales clubes de Latinoamérica. Los fines de semana los clubes profesionales juegan en las grandes ciudades, y siempre hay algún que otro partido improvisado en la calle.

Históricamente Bolivia no ha conseguido grandes logros en los eventos deportivos internacionales, a no ser que se jueguen en el país y la altitud pueda utilizarse a su favor. Para ello, el Gobierno ha invertido considerables sumas de dinero en un plan para el desarrollo de los deportes diseñado para equipar hasta el pueblo más remoto con instalaciones deportivas, para forjar a la próxima generación de campeones del país. En prácticamente cada aldea hay una “cancha” bien cuidada, donde puede jugar todo el que lo desee. Hay comunidades que no permiten jugar a las mujeres, aunque cada vez hay más equipos femeninos en el altiplano donde juegan vestidas con polleras y jerséis.

En los pueblos se juega al voleibol al atardecer, sobre todo los adultos, un par de veces por semana. Pero el racquetball, el billar, el ajedrez y el cacho (los dados) también son populares.

Historia de Bolivia

La historia de Bolivia se ve reflejada en cada rincón de la vida cotidiana: en las ruinas prehispánicas, las iglesias coloniales y en los museos, galerías y mercados caóticos de los centros urbanos. Una impronta cultural de más de 6000 años que se deja notar en los idiomas, indumentaria, costumbres y tradiciones de los pueblos indígenas, cuyo sentimiento de identidad y orgullo cultural ha sido alentado por los más de 10 años de gobierno de Evo Morales.

Prehistoria

El gran altiplano, la mayor extensión de territorio cultivable de los Andes, abarca desde la actual Bolivia hacia el sur de Perú, noroeste de Argentina y norte de Chile.

Los intercambios culturales entre los primeros pueblos andinos se produjeron sobre todo a través del comercio, normalmente entre las tribus nómadas de las tierras bajas, los agricultores de los Yungas, las sociedades organizadas como la tiahuanaco y la inca en el altiplano, y los mercaderes de la costa de las actuales Perú y Chile. Estos intercambios y las ventajas geográficas del altiplano dieron un excedente de alimentos que, al final, propició que los Andes fueran la cuna de los mayores logros culturales de América del Sur.

En los primeros siglos de nuestra era aparecieron las primeras civilizaciones avanzadas en la costa peruana y en los valles andinos. En las tierras altas, las civilizaciones se desarrollaron algo más tarde. Algunos arqueólogos dividen la prehistoria de los Andes centrales en Horizontes (Temprano, Medio y Tardío), cada uno con su singularidad arquitectónica y artística.

Horizontes Temprano y Medio

El llamado Horizonte Temprano (1400-400 a.C.) fue una época de actividad e innovación arquitectónica, tal y como constatan las ruinas de Chavín de Huantar, en la vertiente este de los Andes peruanos. Las influencias de Chavín llegaron a todo el territorio, incluso después de la caída de la civilización chavín, alargándose hasta el Horizonte Temprano intermedio (400 a.C.-500 d.C.).

En el año 700 a.C., Tiahuanaco ya era una metrópoli próspera. Era una civilización muy avanzada para los Andes, pues contaba con una extensa red de calzadas, canales para el riego y terrenos abancalados. Según parece, en los 83 km2 de Tiahuanaco vivían miles de personas.

El Horizonte Medio (500-900 d.C.) estuvo marcado por la expansión imperial de las culturas de los tiahuanacos y los huaris (del valle de Ayacucho en el actual Perú). Los tiahuanacos construyeron obras técnicamente muy avanzadas, y crearon impresionantes cerámicas, objetos de oro, pilares y losas grabadas con calendarios, y representaciones de su barbudo líder y deidad blanco, Viracocha.

Tiahuanaco estuvo habitada del año 1500 a.C. al año 1200 d.C., pero su poder en la región, basado más en factores religiosos que económicos, se intensificó del año 600 d.C. al año 900 d.C. (aprox.), cuando la civilización inició un misterioso declive que duró hasta el s. XIII. Unos dicen que Tiahuanaco fue desplazada por una bajada del nivel del agua del lago Titicaca, que alejó las orillas de la ciudad lacustre. Otros afirman que fue atacada y masacrada por los belicosos collas (o aimaras) desde el oeste. A los españoles se les contó una leyenda inca sobre una batalla entre los collas y los “hombres blancos con barba” en una isla del lago Titicaca. Dichos hombres fueron, presumiblemente, los tiahuanacos, de los que solo pudieron escapar unos pocos. Algunos investigadores creen que los supervivientes desplazados migraron hacia el sur y se convirtieron en el pueblo chipaya del departamento de Oruro, al oeste.

Horizonte Tardío, los incas

El periodo entre el 900 y 1475 d.C. es conocido como Horizonte Tardío intermedio. Tras la caída de Tiahuanaco, ciudades-estado como Chan Chan en Perú y los reinos aimara de las riberas sur del lago Titicaca adquirieron poder. Sin embargo fue el auge y la caída del Imperio inca el que realmente define el periodo precolombino.

Los incas vivieron en la región de Cuzco (en Perú) desde el s. XII. Tenían fama por sus fantásticas ciudades de piedra y sus habilidades para trabajar el oro y la plata. Los incas establecieron un sistema de bienestar social, recaudaban hasta dos terceras partes de la producción agrícola y trabajaban en un sistema basado principalmente en la propiedad comunitaria de las tierras. A través del sistema de mitas (donde se trabajaba obligatoriamente por turnos para construir obras públicas) fueron capaces de trazar una compleja red viaria y un sistema de comunicaciones que sorteaba las dificultades del terreno de su extenso imperio.

Hacia 1440, los incas iniciaron su expansión. El octavo rey inca, Viracocha (que no debe confundirse con la deidad tiahuanaco), creía que su dios Sol les ordenaba no solo conquistar, desvalijar y esclavizar a sus enemigos, sino organizar a las tribus derrotadas e incorporarlas al reino del benevolente rey Sol.

Entre 1476 y 1534, la civilización inca consiguió extender su influencia sobre los reinos aimaras de orillas del lago Titicaca. Ampliaron sus fronteras desde su sede de poder en Cuzco hacia el este hasta la actual Bolivia, hacia el sur hasta los confines septentrionales de las actuales Argentina y Chile, y hacia el norte hasta el actual Ecuador y el sur de Colombia.

A los pueblos de los reinos aimara se les permitió conservar su idioma y sus tradiciones sociales pero, en realidad, jamás aceptaron el gobierno de los incas. Hoy aún se pueden apreciar estas fisuras lingüísticas y culturales en los quechuas, aimaras y demás pueblos indígenas de Bolivia.

A finales de la década de 1520, las rivalidades internas empezaron a cobrarse un precio en el imperio cuando los hijos del inca Huayna Capac (Atahualpa y Huáscar) se enfrascaron en una sangrienta guerra civil tras la muerte de su padre. Atahualpa (que controlaba los confines septentrionales del imperio) ganó la guerra. En su viaje hacia el sur para ocupar el trono en cuzco, se topó con el conquistador Francisco Pizarro, que lo capturó, pidió un rescate por él y, al final, lo decapitó. Dejó tal vacío de poder que los españoles lo tuvieron fácil para conquistar las tierras y pueblos del Imperio inca.

La conquista española

La conquista española de América del Sur fue rápida. El caos imperante tras la guerra civil inca ayudó, como también lo hicieron las epidemias traídas desde Europa. La supremacía europea en metalurgia de guerra (los incas la utilizaban como mera ornamentación) también desempeñó su papel, como lo hicieron sus caballos y el mito de que hombres barbudos, algún día, serían enviados por el gran Viracocha.

Al año de llegar a Ecuador en 1531, Francisco Pizarro, Diego de Almagro y sus conquistadores llegaron a Cuzco.

El Alto Perú (la actual Bolivia) apoyó al derrotado Huáscar durante la guerra civil inca, facilitando así la conquista a Diego de Almagro, que fue asesinado en 1538. Tres años más tarde, Pizarro sufrió su misma suerte en manos de unos subordinados amotinados. Pero esto no detuvo a los españoles, que siguieron explorando y colonizando su tierra recién descubierta.

Durante estas fases iniciales de la conquista, las luchas internas entre las facciones españolas eran habituales y el destino de Bolivia, un remanso político hasta el descubrimiento de plata, estuvo sujeto a los intereses de los centros políticos más poderosos en Cuzco y Lima.

El legado de Potosí

Cuando Diego Huallpa reveló su descubrimiento de plata después de destrozar las tierras en el cerro Rico en Potosí en 1544, los conquistadores españoles ya habían implantado firmemente sus costumbres sobre lo que quedaba del Imperio inca, pero dejaron el liderazgo del cacique local y la estructura de los mitas en las comunidades indígenas. Esto proporcionaba un sistema local de gobierno y se garantizaba el suministro de mano de obra. A los conquistadores más poderosos se les concedieron encomiendas, enormes franjas de tierra con los campesinos que las trabajaban.

Potosí se fundó oficialmente en 1545, y en 1558 el Alto Perú obtuvo la autonomía de Lima con la creación de una Audiencia (corte real) en Sucre. Con Potosí como centro aparecieron núcleos de transporte, comunidades agrícolas y otros centros de apoyo. Y aunque otras ciudades bolivianas como La Paz y Sucre prosperaran, el centro de la región era Potosí. La mina de Potosí era la más productiva del mundo y su plata avaló las ambiciones internacionales de España, permitiendo al país dirigir la Contrarreforma en Europa. Pero no toda la riqueza abandonó la región, se construyeron catedrales en todo el altiplano creando, al final, un estilo arquitectónico propio, y más tarde, colocando a Bolivia en los campos de las artes, la política y la literatura.

Los misioneros se presentaron en los ss. XVIII y XIX en las zonas vecinas a Santa Cruz y Tarija, alterando el paisaje cultural de la región. A finales del s. XVII, los crecientes conflictos entre los españoles recién llegados y la élite de Potosí desembocó en una enorme recesión económica en el s. XVIII.

Independencia

Los primeros años del s. XIX fueron tiempos de revolución e independencia para Bolivia (y para gran parte del mundo). Las malas cosechas y las epidemias mermaron la economía boliviana entre 1803 y 1805, abonando el terreno para la revolución. Y para colmo, con la Revolución francesa, las guerras napoleónicas en Europa y el apoyo británico a los movimientos pro independentistas en América Latina, los colonizadores de las Américas por fin se plantearon cómo sería un mundo sin realeza.

En mayo de 1809, el primer movimiento por la independencia en Hispanoamérica despegó en Chuquisaca (la actual Sucre), a la que otras ciudades no tardaron en imitar. Esta primera chispa revolucionaria se apagó pronto. Por irónico que parezca, aunque los primeros gritos por la revolución vinieran de Bolivia, este sería el último país de Sudamérica en conseguirla.

A principios de la década de 1820, el general Simón Bolívar había conseguido liberar Venezuela y Colombia del yugo español. En 1822, envió al mariscal Antonio José de Sucre a Ecuador para derrotar a los realistas en la batalla de Pichincha. En 1824, tras años de guerrillas contra los españoles y las victorias de Bolívar y Sucre en las batallas de Junín (6 de agosto) y Ayacucho (9 de diciembre), Perú consiguió la independencia. Durante esta época, otro líder independentista que procedía del Río de la Plata, José de San Martín, estaba ocupado batallando en el este de Bolivia y liberando a buena parte de la esquina sur del continente.

Justo cuando Argentina y Perú pusieron sus ojos en las minas de Potosí, Sucre declaró la independencia de Perú y, en 1825, nacía la República de Bolivia. Bolívar (efectivamente, el país debe su nombre al general) y Sucre fueron los dos primeros presidentes del país pero, después del tímido intento del tercer presidente Andrés Santa Cruz por formar una confederación con Perú, las cosas se empezaron a torcer. Al final, la oposición chilena consiguió deshacer esta alianza potencialmente poderosa y, a partir de entonces, Bolivia quedó relegada a un papel más secundario en la política regional a las órdenes de sucesivos caudillos que dominaron la política nacional hasta la década de 1880. A partir de ahí, Bolivia estuvo gobernada por una oligarquía civil dividida en grupos liberales y conservadores hasta la década de 1930, cuando el sistema político tradicional volvió a desmoronarse, facilitando la constante intervención militar hasta la Revolución de 1952.

La tensión política continúa

A principios del s. XX, los adinerados magnates del estaño y los terratenientes controlaban las riquezas mineras y agrícolas del país, mientras el campesinado quedaba subyugado al pongaje, un sistema feudal de peonaje. Planeaba el descontento social, cuyo fruto más importante fue la aparición del Movimiento Nacionalista Revolucionario. Este partido político aglutinó a las masas con la causa común de una reforma popular, lo que alimentó la fricción entre los mineros pobres y los magnates del estaño absentistas. Con Víctor Paz Estenssoro al timón del partido, el MNR ganó las elecciones de 1951 pero un golpe de estado en el último momento le impidió subir al poder. Siguió una época de duros enfrentamientos que acabó con la derrota de los militares y la subida al poder de Paz Estensorro en lo que pasó a denominarse la Revolución Nacional de 1952. No tardó en nacionalizar las minas, expulsar a los barones del estaño, poner fin al pongaje y fundar la Comibol (Corporación Minera de Bolivia), la entidad estatal encargada del control de las minas. El MNR permaneció en el poder 12 años pero ni con el apoyo de EE UU fue capaz de elevar el nivel de vida o aumentar la sostenibilidad de la producción de alimentos.

Los años sesenta y setenta fueron décadas de golpes de estado, dictaduras, regímenes brutales de tortura, arrestos y desapariciones, pero también de un aumento significativo de la producción y tráfico de cocaína.

En 1982, el Congreso eligió a Hernán Siles Zuazo, líder civil del Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR), apoyado por los comunistas, con quien empezó uno de los periodos democráticos más largos en la historia de Bolivia. Su mandato se vio contaminado por los conflictos laborales, el derroche de fondos públicos y una enorme devaluación de la moneda, lo que provocó una inflación pasmosa que llegó a alcanzar el 35 000% anual.

Tres años más tarde, cuando Siles Zuazo renunció y convocó elecciones generales, Paz Estenssoro regresó a la política para convertirse en presidente por cuarta vez. Sin tiempo que perder, impuso duras medidas para reactivar la maltrecha economía: acabó con los sindicatos, congeló sueldos y eliminó las subvenciones para, acto seguido, sacar el Ejército a las calles para mantener la paz. La inflación se redujo en cuestión de semanas pero el desempleo descontrolado amenazaba la estabilidad del Gobierno.

El caos prevalece

En los primeros años de la década de 1990 reinaban la apatía política, las políticas partidistas y las luchas entre capitalización (la apertura de las empresas públicas a la inversión internacional) y los modelos populistas. El mercado libre ganó con la elección de Gonzalo Goni Sánchez de Lozada, el líder del MNR que había desempeñado un papel clave en el recorte de la inflación.

Las reformas económicas llevaron a las compañías estatales y a las explotaciones mineras a abrirse al capital extranjero para que esa privatización trajera la estabilidad y sacara rentabilidad de las empresas. A los inversores extranjeros se les ofreció el 49% de las acciones, el control total de las votaciones, permiso para operar en Bolivia y hasta el 49% de los beneficios. El 51% de las participaciones restantes se repartía entre bolivianos en forma de pensiones y a través de la Participación Popular, una iniciativa para canalizar el gasto lejos de las ciudades y en escuelas, clínicas y demás infraestructuras del entorno rural.

A finales de 1995, la violencia y el descontento provocados por la lucha por la erradicación de la coca dirigida por EE UU en Chapare eclipsaron dichas medidas reformistas. A finales de los años noventa, el Gobierno se enfrentó a un creciente malestar social por las medidas para erradicar la coca, y a las protestas por el aumento de los precios del gas, por una preocupante escasez de agua y por una recesión económica en el departamento de Cochabamba.

Tras una exitosa campaña orquestada por un equipo de asesores políticos estadounidenses que contrató Goni, este fue reelegido en agosto del 2002. Al año siguiente sus políticas económicas fueron muy criticadas, con protestas muy extendidas que se cobraron las vidas de 67 manifestantes durante una represalia policía en La Paz. En octubre del 2003, Goni dimitió en medio de masivas manifestaciones y huyó a EE UU.

Las protestas, el aumento de los precios de los carburantes y una crispación continuada provocaron la dimisión de Carlos Mesa, el sucesor de Goni, en el 2005.

La era Morales

En diciembre del 2005, los bolivianos eligieron al primer presidente indígena de su país. Un antiguo cocalero y diputado de Cochabamba, Evo Morales Ayma, del Movimiento al Socialismo (MAS), consiguió casi el 54% de los votos, tras prometer cambiar el tradicional sistema de clases políticas y empoderar a la mayoría pobre del país (indígenas en su mayoría). Después de las elecciones, Morales no tardó en buscar el foco, viajó por el mundo y se reunió con Hugo Chávez en Venezuela, con Fidel Castro en Cuba, con Luis Inácio Lula da Silva en Brasil, pero también con miembros del Congreso Nacional Africano de Sudáfrica. Precisamente, el Día del Trabajo del 2006, nacionalizó las reservas de gas natural de Bolivia y subió los impuestos a los inversores de energía para así dejar los recursos del país en manos bolivianas. Los ingresos del gas natural se multiplicaron por ocho en el 2013 gracias a la nacionalización.

En julio del 2006, Morales formó una Asamblea Nacional Constituyente para reescribir la Constitución del país. En enero del 2009, la nueva Constitución ‘social’ fue aprobada por el 67% de los votantes en un referéndum a nivel nacional. La primera Constitución boliviana en ser aprobada por sufragio popular daba más poder a la mayoría indígena del país, oficializaba los idiomas y religiones indígenas en el nuevo estado “plurinacional” y permitía que Morales se pudiera presentar a unas elecciones para cinco años más, que ganó ese mismo año. La Constitución también limitaba las hectáreas de los latifundios para redistribuir la tierra, entonces en manos de los terratenientes, entre los granjeros indígenas pobres.

Como excocalero, Morales se propuso la meta personal de resaltar las diferencias entre coca, una planta sagrada para las culturas indígenas de las tierras altas, y la cocaína, el narcótico. Eso le llevó al famoso momento en el que sostuvo una hoja de coca en las Naciones Unidas en el 2013 y pidió a los presentes que corrigieran el “error histórico” al clasificarla como droga. Aunque hubo quien lo consideró un numerito teatral, consiguió recibir una exención especial para legalizar las prácticas tradicionales asociadas con la coca en Bolivia. Los usos potenciales de la coca son muchos más que la mera utilización como narcótico y como Bolivia es el tercer productor de coca más grande del mundo, el país saldría ganando si se aprobara una legalización más amplia de su cultivo.

Aunque Morales goza de un apoyo extendido de los pueblos indígenas bolivianos, sus cambios sociales radicales también tienen sus detractores. En el este del país, donde están casi todos los recursos naturales, la oposición ha estado desafiando a Morales, acusándolo de ser un déspota etnocéntrico. En el 2016, en un referéndum que proponía cambiar la Constitución para que Morales pudiera presentarse a una reelección por cuarta vez, ganó el “no”. Pero Morales acudió al Tribunal Constitucional, quien ignoró la Constitución, para eliminar esa limitación que impedía a un candidato presentarse más de dos veces consecutivas, y en el 2017 Morales anunció se intención de presentarse para la reelección en el 2019.

xavi marina ,

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